IRACHE EDITA UNA GUIA CON LAS PRACTICAS ABUSIVAS MÁS COMUNES


Con el fin de evitar que los consumidores sufran engaños, la Asociación de Consumidores de Navarra Irache ha editado una guía para advertir a los ciudadanos sobre las prácticas abusivas más habituales en algunas empresas, detectadas en los últimos meses.

Tretas para conseguir contratos de luz.

Han crecido notablemente los casos de personas que cuentan prácticas abusivas por parte de comerciales que acuden al domicilio del consumidor para que contrate con ellos el suministro de luz o gas. Los argumentos que emplean los comerciales son de lo más curioso, como, por ejemplo, que va a acabar la tarifa pública y se quedarán sin luz; o que tienen que firmar un contrato para que se pueda cambiar el contador; o que tienen que firmar el contrato para que se les facture desde Navarra. Incluso se han visto casos en los que el comercial les informaba de que su compañía de electricidad había sido absorbida por otra.

Cobran por una tarjeta que nunca se solicitó.

Muchos consumidores ven que el banco les está cobrando un cargo que no saben a qué corresponde. Cuando preguntan a la entidad, ésta les comenta que el gasto es la comisión de mantenimiento de una tarjeta de crédito. Los consumidores, se ven sorprendidos porque o bien no habían recibido la tarjeta, o ni siquiera la habían contratado. En estos casos es fundamental que el consumidor solicite una copia del contrato del contrato de tarjeta, y presente una reclamación por escrito a la entidad.

Me cobran de más por cambiar de compañía telefónica.

Algunas operadoras telefónicas están aplicando de forma irregular las cláusulas de penalización. En algunos casos, este compromiso de permanencia ni siquiera ha sido aceptado expresamente por el consumidor, un requisito imprescindible para poder aplicarlo. Otras veces, el importe de la penalización es excesivo, es decir, es muy superior al valor del terminal subvencionado. Y en otras ocasiones, se cobra el importe completo, de trescientos euros, por ejemplo, aunque al cliente sólo le quedase un mes para cumplir el compromiso (es preciso recordar que la penalización debe ser proporcional al tiempo que quede por cumplir).

Cuidado con los gastos de financiación al comprar un coche.

Algunos consumidores interesados en comprar un vehículo nuevo se ven atraídos por importantes descuentos en la compra de vehículos, sin tener en cuenta que gran parte de ellos están supeditados a financiar el vehículo En realidad, el precio de venta ofertado está sujeto necesariamente a una financiación concreta y al sumar intereses y comisiones, el precio real a pagar se puede encarecer en ocasiones en más de dos mil euros. Si el consumidor quiere pagar en efectivo, el coste del vehículo es aún mayor.

El billete de avión es más caro de lo que parecía.

Cada vez es más habitual que los consumidores contraten los billetes de avión por su propia cuenta a través de internet. Sin embargo, en muchas ocasiones la publicidad no es clara y un viaje de ida y vuelta puede encarecerse más de veinte euros por supuestos gastos administrativos. Eso sin tener en cuenta que el consumidor no podrá facturar su maleta sin coste adicional, o que si se equivoca en el nombre al facilitar sus datos, corregirlos puede encarecer el billete hasta en 30 euros más. Junto a ello, cabe destacar que las empresas intermediarias no informan siempre al consumidor de con quién están contratando el billete y complican futuras reclamaciones.

El seguro no cubre lo que parece.

Varios ciudadanos acuden a Irache porque, tras una fuga de agua en casa o un accidente con el coche, el seguro les dice que no les cubre o les paga mucho menos que el coste real de los daños. Muchos de estos problemas provienen de que el consumidor no ha examinado el condicionado de su póliza. Cuando el asegurado reclama, la compañía alega que en las condiciones generales de la póliza se excluyen, por ejemplo, los daños por agua, o se limita la cobertura por daños al 50% de lo indicado en las condiciones particulares.

La devolución siempre la paga el cliente.

Cada vez más consumidores compran a través de internet. Algunos comercios online hacen recaer sobre el consumidor el pago del envío en caso de devolución del producto en cualquier caso, aunque la devolución se deba a que el objeto de compra está defectuoso o no es lo solicitado. Esta cláusula es contraria a la normativa sobre garantías, que señala que, en caso de que el producto no sea conforme a la venta, es el comercio quien debe correr con todos los gastos necesarios para subsanar la falta de conformidad.

Servicios de mantenimiento no tan gratuitos.

En servicios de luz o gas es muy habitual que, junto al suministro, se contraten servicios de mantenimiento o urgencias. En principio, se ofrece al consumidor con el atractivo de que en caso de asistencia, el servicio es gratuito; pero en realidad, si se lee la letra pequeña, se puede ver que en muchas ocasiones la gratuidad sólo alcanza las primeras tres horas de intervención, por ejemplo. De hecho, se han visto precios desproporcionados tanto por tiempo de mano de obra que exceda el contratado como por la sustitución de piezas defectuosas, cuyo coste en otros establecimientos es llamativamente más bajo.

El propietario entra cuando quiere en la vivienda alquilada.

En algunos contratos de alquiler ofertados en inmobiliarias, se observan cláusulas abusivas, como, por ejemplo, hacer recaer sobre el inquilino “cualquier daño o reparación necesaria en la vivienda”, lo que contraviene la Ley de Arrendamientos Urbanos; o por ejemplo, dar la facultad al propietario de entrar en la vivienda arrendada siempre que quiera sin previo aviso, como se ha llegado a ver en algún contrato.

Comisiones que no podrían cobrarme... pero me cobran.

Continuamente acuden personas a Irache para quejarse de las comisiones que les aplica el banco. En principio, éstas son libres siempre que se hayan pactado entre la entidad y el cliente, y los servicios se hayan solicitado y hayan sido efectivamente prestados. Sin embargo, hay comisiones que resultan abusivas y que algunos bancos siguen aplicando, como la comisión por mantener una cuenta cuando el consumidor está obligada a tenerla para pagar exclusivamente el préstamo hipotecario.